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Había una vez dos lobos que tenían mucha hambre y encontraron una casa muy grande. Miraron por las ventanas y gritaron. ¡Si nos comemos ese festín nunca más comeremos! Y el otro lobo dijo: no exageres. Resulta que había 7 cabras pequeñas y sus dos padres. Cuando los padres se fueron, los lobos gritaron: ¡Esta es nuestra oportunidad! Los lobos intentaron engañar a las cabras pequeñas diciendo que eran sus padres, pero las cabritas miraron por la ventana, como les dijo su madre. Lo intentaron 1,2 hasta 3 veces pero a la tercera vez las cabras pequeñas se cansaron y les echaron harina a los lobos. Eran lobos muy feroces porque se comían todo lo que veían. Las 7 cabras pequeñas eran muy de no decir nada menos 2 que hacían caso a sus opiniones.

Era un 22 de Diciembre. El frío penetraba en la piel de la gente, y apareció Carlos. Carlos era un niño de África y no tenía amigos. A la hora del patio estaba solo, hasta que llegó Guillen y su amigo Marc. Ellos eran los mejores amigos y le preguntaron si quería jugar con ellos. Carlos se puso muy contento porque por primera vez ya tenía amigos. Al llegar a casa le dijo a su madre que ya tenía amigos y Elena (su madre), le dijo:

Cuántas veces a lo largo de nuestra vida hemos escuchado frases del tipo: “da igual, para qué molestar, si estamos acostumbrados a hacer esto así, ¿para qué cambiar?”; “preferiría ir a otro sitio, pero bueno, si han dicho que vayamos allí, tendremos que ir…”.
Se me ocurren variedad de ejemplos más, los cuales no voy a redactar por falta de espacio y tiempo, debido a la inmensidad de comportamientos erróneos que llevamos a cabo los seres humanos.